Nota

Testamento y legítima: por qué no podés dejar todo a quien quieras

- 8 min de lectura

Testamento abierto sobre un escritorio de madera junto a una ventana, con lapicera, anteojos y una foto familiar de fondo.

"Es mío, hago lo que quiero con lo mío." Es una de las frases más repetidas cuando alguien piensa en cómo va a repartir sus bienes. Y es, también, uno de los errores más caros que se pueden cometer en materia sucesoria. Porque en Argentina, ni siquiera con un testamento podés disponer libremente de todo lo que tenés. La ley reserva una parte —una parte grande— para determinados familiares. Se llama legítima, y es intocable.

Mucha gente firma un testamento convencida de que con eso resolvió el futuro de su patrimonio. Otros directamente no lo hacen porque creen que "el Estado se va a quedar con todo". Las dos posturas parten de un malentendido sobre cómo funciona realmente la herencia en el Código Civil y Comercial. Y los malentendidos, en sucesiones, se pagan con juicios entre hermanos, herencias trabadas durante años y voluntades que terminan sin cumplirse.

Vamos a ordenar el tema.

Qué es la legítima (y por qué te limita)

El Código Civil y Comercial reconoce que hay personas tan cercanas al causante que la ley les garantiza una porción de la herencia de la que no se las puede privar. Son los herederos forzosos o legitimarios: los descendientes (hijos, nietos), los ascendientes (padres, abuelos) y el cónyuge.

A ellos la ley les reserva la legítima: una fracción del patrimonio que el causante no puede dar a otra persona ni quitarles por testamento. Lo que sobra después de cubrir la legítima se llama porción disponible, y de eso sí podés disponer libremente —dejarlo a quien quieras, dentro o fuera de la familia—.

2/3
Legítima de los descendientes

Si dejás hijos, dos tercios de tu patrimonio les corresponden por ley. Solo podés disponer libremente del tercio restante.

1/2
Legítima de ascendientes o cónyuge

Si no hay hijos y heredan tus padres, o tu cónyuge, la legítima es la mitad. La otra mitad es porción disponible.

En números concretos: si tenés hijos, solo un tercio de tu patrimonio es verdaderamente "tuyo" para decidir por testamento. Los otros dos tercios ya tienen destino fijado por la ley, lo escribas o no.

Los mitos que cuestan caro

En quince minutos de consulta aparecen casi siempre las mismas tres ideas equivocadas. Conviene desarmarlas una por una.

Mito 1: "Puedo dejarle todo a un solo hijo"

No. Si tenés tres hijos y le dejás todo a uno, los otros dos pueden reclamar. La legítima protege a cada legitimario por igual, y existen acciones judiciales —la acción de complemento y la de reducción— para que el heredero perjudicado recupere lo que le corresponde. Incluso pueden alcanzar a donaciones que hiciste en vida, si con ellas vaciaste la legítima de los demás.

Sí podés mejorar a un hijo dentro de un margen: además de su parte, podés asignarle la porción disponible. Pero no podés borrar a los demás.

La excepción que pocos conocen

Existe una mejora especial para descendientes o ascendientes con discapacidad. La ley permite destinar a su favor, además de la porción disponible, un tercio de las porciones legítimas. Es una herramienta poderosa para proteger a un hijo que va a necesitar cuidados de por vida —pero hay que instrumentarla bien, porque mal hecha se cae.

Mito 2: "A ese hijo lo desheredo, me abandonó"

La desheredación —el acto de excluir a un heredero forzoso por su mala conducta— ya no existe en el Código Civil y Comercial vigente desde 2015. Por más dolida que esté la relación, no podés sacarle la legítima a un hijo o a un padre por testamento.

Lo único que la ley contempla es la indignidad: situaciones graves y taxativas —como haber atentado contra la vida del causante o haberlo abandonado en estado de desamparo— que un juez debe declarar. No es una decisión que se toma firmando un papel; es un proceso judicial con prueba.

Mito 3: "Si no hago testamento, el Estado se queda con todo"

Falso. Si no dejás testamento, tu herencia se reparte según el orden que fija la ley —descendientes, luego ascendientes y cónyuge, después colaterales hasta el cuarto grado—. El Estado solo hereda cuando no existe ningún pariente con derecho, en el supuesto excepcional de la herencia vacante. Para la enorme mayoría de las familias, eso nunca ocurre.

Lo que sí pasa cuando no hay testamento es que perdés la posibilidad de usar tu porción disponible: ese tercio (o esa mitad) que podrías haber destinado a quien quisieras se reparte como el resto.

El testamento no sirve para repartir todo a tu antojo. Sirve para decidir sobre la parte que la ley te deja libre —y para evitar que tu familia tenga que adivinar tu voluntad.

Para qué sirve, entonces, hacer testamento

Si la legítima ya está garantizada por ley, ¿tiene sentido testar? Muchísimo. El testamento sirve, entre otras cosas, para:

Disponer de tu porción disponible —dejarla a un nieto, a una pareja conviviente, a una institución, a un hijo que querés mejorar—. Designar quién administrará bienes hasta que se complete la sucesión. Hacer legados de objetos puntuales con valor afectivo. Reconocer y ordenar situaciones familiares complejas. Y, sobre todo, evitar que tu familia atraviese una sucesión a ciegas, peleando por interpretar lo que vos habrías querido.

En Argentina hay dos formas válidas y habituales de testar, y conviene conocer la diferencia antes de elegir:

Forma de testarCómo esA tener en cuenta
OlógrafoEscrito, fechado y firmado de puño y letra, de principio a fin.Gratuito y privado. Pero un error de forma —o que se pierda u oculten— puede anularlo entero.
Por acto públicoOtorgado ante escribano, que lo protocoliza en su registro.Más seguro, difícil de impugnar y queda registrado. Tiene un costo notarial.

No hay una opción "mejor" en abstracto: depende de tu patrimonio, de tu familia y de cuánto te importe que el testamento sea difícil de cuestionar el día de mañana.

Las donaciones que hiciste en vida también cuentan

Acá hay algo que sorprende a casi todos: la legítima no se calcula solo sobre lo que dejás al morir. La ley suma también las donaciones que hiciste en vida. Es lo que se llama colación.

¿Por qué existe esto? Para evitar la trampa más obvia. Si una persona pudiera "vaciar" su patrimonio donándoselo todo a un hijo antes de morir, la legítima de los demás sería letra muerta. Por eso, al abrirse la sucesión, esas donaciones se traen a la cuenta para verificar que no hayan perjudicado a ningún heredero forzoso. Si lo hicieron, se reducen.

La consecuencia práctica es importante: donar en vida no es una forma segura de saltear la legítima. Puede ser una excelente herramienta de planificación —sobre todo la donación con reserva de usufructo, que te permite donar el bien pero seguir usándolo y disfrutándolo mientras vivís—. Pero mal usada genera el mismo conflicto que se quería evitar, y a veces peor, porque agrega un juicio de reducción al de la sucesión.

Un ejemplo concreto: cómo se reparte

Pongámoslo en números para que se vea claro. Imaginá un patrimonio de 90 millones de pesos y tres hijos, sin cónyuge:

60M
Legítima (2/3)

Se reparte obligatoriamente entre los tres hijos: 20 millones cada uno. Eso no lo podés tocar por testamento.

30M
Porción disponible (1/3)

De esto sí podés disponer libremente: dejarlo a un hijo como mejora, a un nieto, a tu pareja o a quien quieras.

Si quisieras favorecer a uno de los hijos, podrías darle sus 20 millones de legítima más los 30 de la porción disponible: 50 en total. Los otros dos cobran sus 20 cada uno. Lo que no podés hacer es dejarle los 90 a uno solo y nada a los demás: ese testamento sería impugnable y se reduciría hasta respetar la legítima de los otros dos. La ley te da margen para inclinar la balanza —no para dar vuelta la mesa—.

El punto que casi nadie ve a tiempo

La planificación sucesoria no es solo un testamento. Es entender el conjunto: qué bienes tenés y cómo están titulados, quiénes son tus legitimarios, qué donaciones hiciste en vida, si conviene una planificación patrimonial más amplia —con herramientas como el fideicomiso o la donación con reserva de usufructo—, y cómo encaja todo eso con la sucesión que algún día tendrá que tramitarse.

Hecho a tiempo y bien, esto le ahorra a tu familia años de trámites, miles en costos y, sobre todo, el desgaste de pelear entre ellos en el peor momento. Hecho mal —o no hecho— deja un problema que tus herederos van a tener que resolver sin vos.

¿Querés ordenar la herencia mientras todavía podés decidir?

Analizamos tu patrimonio, tus herederos y tus objetivos, y te decimos qué herramientas conviene usar —testamento, donaciones, fideicomiso— para que tu voluntad se cumpla y tu familia no termine en juicio.

Zarza & Asociados · Estudio Jurídico

Conocé nuestro servicio de planificación patrimonial →

Areas de practica relacionadas

planificacion-patrimonial sucesiones

Volver al blog